Las brochetas nos gustan, son un reclamo a la vista y nos brindan la posibilidad de jugar con los ricos ingredientes de nuestra gastronomía mediterránea. Podemos decir que existen diferentes tipos de brochetas, hay brochetas de carne, de pescado, de frutas, brochetas crudas con fruta u verduras, brochetas cocinada de diferentes formas, cocidas, asadas, a la plancha.

La brocheta es, en nuestro recetario, un valor añadido a la gran variedad de creaciones que podemos llegar a realizar y nos va a permitir crear una imagen que invita a disfrutar de lo que comemos.Comer es un placer, creo que de eso no cabe ninguna duda, de hecho es uno de los placeres más gozosos que existe. Cuando comemos estamos desarrollando todos los sentidos, el tacto. La comida en la boca ha de ser de un tacto agradable, jugamos con ella, esperamos de ella que sea atrayente, interesante, complaciente. ¿Nos imaginamos por un momento un alimento al que tenemos asociado una textura melosa y al llevarlo a la boca se nos hiciera áspero? Seguramente no sería una experiencia agradable para nadie. Con el gusto puede pasar algo similar, si tenemos un registro de algún condumio que esperamos que sea salado y de repente nos encontramos en nuestro paladar un sabor dulce, nos va a violentar en nuestra experiencia gustativa. El olfato también juega un papel muy importante, es la forma de recibir con antelación a la llegada del alimento a la boca y pasar al siguiente estadio de percepción. Un olor desagradable, con toda seguridad va a provocar que no lleguemos a ese estadio.

Si hablamos de la vista, posiblemente sea uno de los primeros sentidos que intervienen en el momento de recibir un alimento, es el sentido que va a preparar los registros que se originan en nuestro cerebro, la información previa, el conjunto de sentidos.

Una imagen agradable predispone el resto de los sentidos, pone en guardia al olfato, al gusto, al tacto. Si tienes una buena imagen, una imagen agradable, vas a desear llevarte a la boca ese alimento.